miércoles, 25 de febrero de 2026

El tricornio: El alma de charol, el eco de una vida

 

Hay objetos que trascienden su materia para convertirse en símbolos, y hay símbolos que, a fuerza de historia y sacrificio, terminan por fundirse con el alma de quien los porta.

Para nosotros, los que vestimos el uniforme verde, la reciente celebración del Día Mundial del Sombrero, nos recuerda que nuestro tricornio no es solo una prenda de cabeza; es el resumen de un compromiso, el testigo mudo de una vocación y el reflejo de una forma de entender la vida.

Su silueta de tres picos, inconfundible en el horizonte de nuestras carreteras, en el silencio de los cuarteles rurales o bajo el sol de las fronteras, es la herencia de un cuerpo que nació para proteger y servir. El brillo de su charol no es solo estética; es un espejo donde se reflejan décadas de historia, desde la Cartilla del Duque de Ahumada hasta el servicio más humilde de hoy. Es el color negro que aguanta la lluvia del norte, el polvo del camino y el peso de una responsabilidad que nunca se quita, ni siquiera cuando nos despojamos del uniforme al llegar a casa.

Pero la verdadera magnitud de esta prenda no se mide en las horas de servicio, sino en los momentos en que las palabras sobran. Quienes tenemos el honor de ser guardias civiles sabemos que el tricornio nos acompaña en la alegría del deber cumplido, pero también en el dolor más profundo.

Por eso, nada estremece más el corazón de un compañero que ver ese tricornio posado sobre el féretro de un hermano de armas. En ese instante, el charol ya no brilla por el sol, sino por las lágrimas de quienes lo rodean. Verlo allí, quieto, sobre la madera, es la imagen definitiva de una misión cumplida hasta el último aliento. Es el símbolo que dice: "Aquí yace un guardia civil; aquí descansa alguien que dio su vida, paso a paso, año tras año, por los demás".

Ese tricornio sobre el féretro del compañero retirado no es un final, sino un testamento. Nos recuerda que, aunque el hombre o la mujer se marchen, la esencia de lo que fuimos permanece. Que ese "uniforme verde" no es una ropa que se guarda en un armario, sino una piel que nos acompaña hasta el último viaje.

Hoy, al recordar ese momento, renovamos nuestro orgullo. Porque mientras un tricornio siga coronando el servicio de un guardia, o velando el sueño de quien ya descansa, la Guardia Civil seguirá viva. Honor, lealtad y memoria: todo cabe bajo esos tres picos que son, y serán siempre, nuestra guía y nuestro orgullo.

Ese tricornio sobre el féretro es el testamento de una vida dedicada a los demás. Nos enseña que el honor es un lazo que une a las generaciones de guardias en un mismo espíritu. Porque, al final del camino, nos queda el consuelo de saber que el guardia civil no muere, solo se entrega por última vez.

Artículo de:

JOSE MANUEL CORRAL PEON
Comandante (R) Guardia Civil

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