Felipe V sentó las bases para el orden y progreso del
Ejército. Lo exigía el hecho de que empezaba el tránsito de España hacia el
Estado-Nación. Los decretos de Nueva Planta confirmaron el poder del monarca y
eliminaron los privilegios forales. Se crearon las bases de la centralización,
fundamental para el desarrollo posterior. Desaparecieron las fronteras y
aduanas interiores y aumentó el comercio; se unificó la administración de la
Justicia y la fiscalidad.
Felipe V de Borbón, Duque de Anjou, se formó en Versalles en un ambiente
absolutista: “El Estado, soy yo”. Cuando dejó Francia para hacerse cargo del
trono de España tuvo en cuenta los consejos recibidos de Luis XIV: “Nunca
tengas apego a nadie… Ama a los españoles y a todos tus súbditos… No prefieras
a los que más te adulen… Estima a los que se atrevan a desagradarte, estos
serán tus verdaderos amigos… Si te ves obligado ir a la guerra, ponte a la
cabeza de tus ejércitos… No te dejes gobernar por nadie; se tú el dueño. No
tengas valido, ni primer ministro. Escucha, consulta su consejo, pero tú
tendrás que decidir… Tendrás las luces necesarias mientras tengas una intención
recta” (William Coxe, L’Espagne sous les rois de la Maison de
Bourbon…. Paris, 1827. Tomo I. Págs. 124-128).
Se apoyó en personas de plena confianza. Institucionalizó el Consejo de
Gabinete como organismo colegiado formado por Departamentos (origen del Consejo
de Ministros) e integró en el Consejo de Guerra las secretarías de Tierra y Mar
(origen del Ministerio de Defensa). El Rey tenía que contar con el Ejército. Un
Ejército de nueva planta pues había cambiado la forma de combatir. El valor era
necesario, pero se imponían otras habilidades, conocimientos y una formación
específica al disponer de nuevas armas y técnicas para el combate.
Se formaron regimientos al estilo francés y se redactaron Ordenanzas para
adaptar la nueva organización militar. Había que ordenar la estructura de
mando, la administración y la logística, desconocidas hasta ese momento. El Rey
seleccionaba personalmente a los generales y coroneles (J.A.
Portugués, Colección general de ordenanzas militares.
Madrid, 1764. Tomo II, págs. 276 y siguientes; tomo V, págs. 212 y siguientes).
Los Capitanes Generales tenían dos planos de actuación: el militar y el
político con plena autoridad. Surgieron las Direcciones generales de Infantería
y Caballería, y se creó la Real Artillería y el Cuerpo de Ingenieros. La Marina
siguió un procedimiento semejante.
La administración, dirigida por los Intendentes, estaba al
servicio de las operaciones navales. Los tres Departamentos marítimos tuvieron
responsabilidades semejantes a las Capitanías.
Felipe V dudó de la fidelidad de las guardias viejas y se formaron unidades
especiales a su servicio regidas por normas, reclutamiento y funcionamiento
diferentes a las del Ejército (José A. Portugués, op. cit.).
El Rey participó en la selección de los oficiales y tropa de
su Guardia de Corps, guardia personal, y en los Regimientos de la Guardia Real.
