Ya antes, en el año 1863, fue
nombrado agregado a la delegación española en Washington. En el año 1891 se le
nombró presidente de la comisión española en la Conferencia Naval Europea,
celebrada en Londres. En el año 1892, el gobierno progresista de Mateo Práxedes
Sagasta lo nombró ministro de Marina, cargo en el que estuvo tan sólo unos
meses, al ser sustituido por el almirante Manuel Pasquín.
El 8 de abril del año 1898,
con el cargo de contraalmirante, salió de Cádiz al mando de la Escuadra del Atlántico,
rumbo a Cuba, con la misión de sofocar los brotes independentistas de la
colonia. Antes de salir en su misión, Cervera no pudo mantener una reunión en
Madrid, como era su deseo, con los altos mandos de Marina para establecer un
plan de operaciones conjunto y adecuado para arreglar la situación.
Cervera era, sin duda alguna,
uno de los mejores profesionales que tenía el ejército español en el convulso
siglo XIX, junto con el general Weyler. Cervera consideró, desde un principio,
descabellada e irresponsable la misión que se le había encomendado en las
Antillas, habida cuenta de la manifiesta desproporción de fuerzas y calidades
que existían entre la flota española y la estadounidense, la cual apoyaba
abiertamente a los insurrectos cubanos. La proposición de Cervera era más
realista: consistía en reforzar y defender las Islas Canarias y la propia
península en previsión de posibles ataques de la armada yanqui. Pero su
propuesta fue totalmente desoída por la Junta de Almirantes y por una gran
mayoría del gobierno, imbuidos de un anacrónico patriotismo. Él supo a ciencia
cierta que su misión esta condenada de antemano al fracaso.
El 19 de mayo del año 1898
llegó a Santiago de Cuba la Escuadra del Atlántico de Cervera, una vez que
logró burlar el bloqueo de la zona por parte de la armada norteamericana.
Finalmente, el 3 de julio de ese mismo año, Cervera se dispuso a cumplir
disciplinadamente la orden dada por el gobierno y por el capitán general de
Cuba, el general Blanco, de partir hacia La Habana. Cervera volvió a protestar,
en un último intento por evitar la carnicería a la que se encaminaban sus
hombres, pero fue en vano.
Una vez que los seis barcos
españoles abandonaron el seguro refugio del puerto, uno a uno fueron
encañonados y hundidos por el certero fuego cruzado de los acorazados
estadounidenses, al mando de los almirantes Sampson y Shely. Todo sucedió tal y
como había previsto Pascual Cervera. La "batalla" apenas duró 15
minutos, costó la vida a unos 500 marineros españoles y aproximadamente fueron
hechos unos 2.000 prisioneros, entre los que se contó el propio Cervera, que
tuvo que ganar la costa a nado. El 16 de julio capituló la población de
Santiago. Fue el final de la guerra de Cuba y la consiguiente pérdida de la
última colonia española, junto con las Islas Filipinas, que ya habían caído el
1 de mayo del mismo año en poder de los norteamericanos.
Una vez repatriado, en
septiembre del mismo año, Pascual Cervera tuvo que sufrir un juicio militar por
sus presuntas responsabilidades en el desastre colonial. Finalmente fue
absuelto y publicó un libro de justificación sobre los acontecimientos
coloniales, en el año 1899, titulado Colección de documentos. Desde
el año 1901, desempeñó la jefatura del Estado Mayor Central de la Armada, para
pasar a hacerse cargo de la Capitanía General de El
Ferrol, desde el año 1905. En el año 1903 fue nombrado senador vitalicio por el gobierno presidido por Raimundo Fernández Villaverde. Ocupó dicho cargo hasta su muerte, acaecida en el año 1909.
