Los cascos romanos, conocidos como gálea o cassis variaban
enormemente en cuanto a su forma. Uno de los primeros en utilizarse fue el
casco de Montefortino, utilizado por los ejércitos de la República hasta el
siglo I a. C., cuando fue reemplazado directamente por el casco Coolus y, más
tarde, por el típico casco Imperial El casco montefortino era una copia de
bronce barata y fácil de fabricar en masa del casco galo de hierro. Tenía
carrilleras que protegían la cara y un pequeño saliente en la parte de atrás,
para desviar golpes de la nuca. Era lo bastante abierto, sin embargo, para
permitir al legionario ver u oír sin problemas. A partir de entonces, el modelo
fue evolucionando durante el Imperio, en diseños de hierro cada vez más fuertes
y con mayores protecciones, pero respetando la línea original.Sin embargo,
durante el comienzo de la decadencia en el siglo III, se comenzaron a ver
modelos más cerrados, que protegían más, pero limitaban la visión y audición
del soldado, necesarias para ejecutar las órdenes. Lo que tal vez refleja una
pérdida de la disciplina y entrenamiento necesarios para ejecutar los
movimientos en combate, ordenados por los instrumentos musicales, o una
simplificación o empobrecimiento de las mismas.Las constantes crisis económicas
obligaron a introducir un modelo diferente, hecho en dos piezas unidas por un
refuerzo o cresta metálica. Se hizo habitual como muy tarde en el siglo IV,
siendo más económico y rompiendo definitivamente con la tradición del
montefortino. Cascos romanos finales del siglo III principios del IV, de Robbie
McSweeney Fuente Legio IX Hispana.
Fuente: The is Spain (Facebook)