El 28 de marzo de
1844, se produce el momento histórico de la creación oficial de la Guardia
Civil cuando, por Real Decreto, se crea un “cuerpo especial de fuerza armada de
Infantería y Caballería”, bajo la dependencia del Ministerio de la Gobernación
y con “la denominación de Guardias Civiles”. A los efectos de organizar esta
nueva fuerza se comisiona al mariscal de campo D. Francisco Javier Girón y
Ezpeleta, II Duque de Ahumada.
El reto que se le plantea al
Duque de Ahumada es poner en marcha una institución que, caracterizada por su
eficiencia y, en términos del Real Decreto, se destine “… a proteger eficazmente
las personas y las propiedades”. Para ello, propone que la Guardia Civil sea
una organización basada en la calidad por lo que recomienda cubrir la plantilla
paulatina y selectivamente para garantizar la excelencia del personal. Suya es
la siguiente cita: “servirán más y ofrecerán más garantías de orden cinco mil
hombres buenos que quince mil, no malos, sino medianos que fueran
En consonancia con ello, el 20
de abril de 1844, el Duque de Ahumada elabora un informe determinante, de cuya
aceptación hacía depender su vinculación al proyecto, y en el que además de lo
anterior, sugiere cambios organizativos y aboga por una mayor remuneración de
los nuevos guardias puesto que ésta debería estar en consonancia con las
responsabilidades que se les iban a asignar. Aun con todo, manifestando una
capacidad organizativa excepcional, la propuesta significaba una reducción
importante del gasto inicialmente presupuestado. El informe provocó la
derogación inmediata del decreto anterior, que ni siquiera entró en vigor, para
dar lugar al definitivo Real Decreto de 13 de mayo, presentado por el
Presidente de Gobierno y Ministro de la Guerra, D. Ramón María Narváez,
auténtico decreto fundacional de la Guardia Civil.
Etimológicamente el
término ‘guardia’ viene del gótico wardja, y luego del Antiguo Alemán
warten que significa vigilar o guardar. La palabra ‘civil’ procede
del latín civilis o ciudadano. Los antecedentes de la Guardia Civil pueden
rastrearse en la Santa Hermandad de Toledo, s. XIII con la que se pretende
limpiar de malhechores los Montes de Toledo y, en las de Talavera y Villa Real.
En Cataluña fueron el somatén y los miqueletes. En Aragón, los guardas del
reino. En Valencia, los miñones y los escopeteros en Andalucía.
La organización del nuevo
organismo lo hará depender “del Ministerio de la Guerra en lo
concerniente a su organización, personal, disciplina, material y percibo de sus
haberes, y del Ministerio de la Gobernación en lo relativo a su
servicio peculiar y su movimiento.” Inicialmente se compondrá de 14 jefes,
232 oficiales y 5769 guardias repartidos en 14 Tercios, recuperando de este
modo un término de gran tradición y prestigio en la historia militar española
pues hace referencia a unidades selectas del Ejército en la época de los
Austrias. En cada uno de estos Tercios se encuadraría un número variable de
Compañías de Infantería y un Escuadrón (o Sección independiente) de Caballería.
En el verano de 1844 se inició
el reclutamiento de los primeros aspirantes, muy superiores en número a las
plazas ofertadas, en lo que fue una muy rigurosa selección que había de
complementarse con una instrucción minuciosa y exigente de los nuevos guardias
en las instalaciones del Ejército de Madrid, en Leganés y Vicálvaro.
El mismo verano y ante los
futuros oficiales, el Duque de Ahumada pronunció un discurso enérgico en el que
presentó una larga lista de obligaciones, sacrificios y deberes dejando en
segundo plano las retribuciones y las recompensas, negando al Cuerpo militancia
política de cualquier tipo. Lo esencial era que la Guardia Civil sirviera
a España y los españoles independientemente de la forma política que el
país quisiera adoptar.
El 1 de septiembre de 1844,
día de la designación del Duque de Ahumada como Inspector General de la Guardia
Civil, tuvo lugar la presentación oficial del Cuerpo con una parada militar
ante las autoridades dónde mil ochocientos setenta guardias desfilaron
organizados en sus compañías y escuadrones haciendo gala de marcialidad y
mostrando una nueva uniformidad en la que era nota distintiva un original
sombrero de tres picos de origen francés: el tricornio, que con el tiempo
se convertiría en uno de los símbolos representativos de la Guardia Civil y de
nuestro país.
El 9 de octubre de 1844 se
aprobaba el Reglamento para el Servicio de la Guardia Civil, estableciendo las
obligaciones y facultades de la Guardia Civil, su dependencia orgánica,
vinculada en lo referido a su servicio peculiar al Ministerio de la
Gobernación, y el objeto primordial de la Institución: “la conservación del
orden público, la protección de las personas y las propiedades (…) y el auxilio
que reclame la ejecución de las leyes”.
El Reglamento Militar de
la Guardia Civil aprobado el 15 de octubre, es elaborado por el Ministerio de
la Guerra bajo la égida del Duque de Ahumada y es por tanto más conforme con su
doctrina y carácter. Determina la organización con arreglo a criterios
castrenses, los ascensos, dependencia, obligaciones, disciplina y estatuto del
personal del Cuerpo.
Para culminar el proceso
faltaba una filosofía de servicio que sirviera de puente y aunara ambos
reglamentos y que distinguiera a la Guardia Civil de los cuerpos policiales
anteriores o paralelos. Surge así el 20 de diciembre de 1845, de la propia mano
del Duque de Ahumada, un documento que constituye el auténtico código moral de
la Institución: la “cartilla del Guardia Civil” que sintetiza los
reglamentos anteriores y que, con alguna modificación, compone el actual
Reglamento para el Servicio de la Guardia Civil.
A lo largo de su articulado,
la “Cartilla” establece la doctrina del Cuerpo; un código deontológico que
pretende dotar al personal de un alto concepto moral, del sentido de la
honradez y de la seriedad en el servicio y que está presidido por su artículo
más famoso donde se lee: “el honor es la principal divisa del guardia civil;
debe, por consiguiente, conservarlo sin mancha. Una vez perdido, no se recobra
jamás”. Instituye la idea de la proporcionalidad de la respuesta de los agentes
y crea la figura del Comandante de Puesto que tiene especial reflejo en la
cartilla y que se convertirá en el mando más visible en el marco rural español.
El 10 de octubre, cumpleaños
de la reina Isabel II y, con ocasión de la constitución de las Cortes
Generales, la recién creada Guardia Civil realiza su primer servicio
consistente en cubrir la carrera de la comitiva de la reina desde Palacio hasta
las Cortes.


