Lanzamisiles SAM-7, calibre 72,2 mm.,
al que se le colocó en el interior un radio-emisor, donado en 1991 por el
Servicio de Inteligencia de Estados Unidos a la Guardia Civil y que se
encuentra expuesto en el Museo del Cuerpo (Madrid, 2024).
Fuente: Gabinete Técnico. Guardia
Civil.
El 5 de noviembre de 1986, una operación policial conjunta
dirigida desde la Secretaría de Estado para la Seguridad-Dirección de la
Seguridad del Estado, permitió descubrir un importante depósito de material de
ETA en la cooperativa SOKOA, ubicada en Hendaya (Francia), muy próximo a la
frontera con España. En el operativo participaron el Grupo 5 de la Unidad de
Servicios Especiales y el Área de Sistemas Especiales del Cuerpo Nacional de
Policía, quienes contaron con la colaboración de la Policía del Aire y de
Fronteras (PAF) francesa.
En el registro del inmueble se intervinieron 4 lanzacohetes,
uno de ellos de fabricación soviética, 2 lanzamisiles armados con sus
respectivos misiles de fabricación soviética, varias armas de fuego, abundante
munición, chalecos antibalas, dinero en moneda de diferentes países y
documentos personales de identidad falsificados. En la fábrica de muebles
SOKOA también fue incautado un gran volumen de documentos, destacando los
relacionados con actividades económicas de ETA, incluidos los ingresos de la
organización terrorista procedentes de la extorsión.
La operación contraterrorista se completó con la detención de
un total de 11 individuos, 7 miembros de ETA y 4 ciudadanos franceses. Entre
los miembros de ETA detenidos se encontraba José Luis Arrieta Zubimendi
Azkoiti, en ese momento responsable de las finanzas de la organización
terrorista.
Por todo ello, más allá del armamento y del resto de efectos
intervenidos, la explotación de esta operación permitió tener acceso, por
primera vez, a la documentación económica de la organización terrorista y
conocer la estructura financiera de la misma, así como los ingresos de la
organización terrorista procedentes de la extorsión. Además, se tuvo
conocimiento de los planes sobre futuras acciones terroristas. En este
sentido, entre la información incautada destacó la que se refería a objetivos
de Madrid, principalmente sobre 2 oficiales de alto rango de la Armada con
informaciones altamente elaboradas y que requerían de un seguimiento
exhaustivo de sus movimientos, con un estudio minucioso de itinerarios y las
posibilidades que ofrecían para cometer un atentado.
La operación es recordada por el procedimiento de
investigación utilizado por la Guardia Civil para detectar el depósito
clandestino utilizado por ETA; tras descubrir que la organización terrorista
pretendía adquirir en el mercado negro internacional 2 misiles, se trabajó
junto con la Agencia Central de Inteligencia (CIA) estadounidense para realizar
una vigilancia de venta controlada de los misiles, una vez inactivos y,
mediante un seguimiento de ese armamento, condujera a los investigadores hasta
la ubicación del escondite terrorista, gracias a un dispositivo de seguimiento
colocado en dichos misiles.
El éxito de la operación obligó a ETA a plantearse todo su sistema de seguridad ante la vulnerabilidad de un centro de actividad tradicional al que la organización terrorista consideraba seguro.
