El 21 de septiembre de 1710, en el curso de la Guerra de
Sucesión española, las fuerzas austracistas entraron en Madrid. Ante la presión
del ejército borbónico y la llegada del invierno el 17 de noviembre el
archiduque Carlos decidió replegarse a Barcelona. Sus tropas, al mando del
general Starhemberg, Comandante Supremo de las fuerzas del archiduque en
España, salieron también de Madrid. Se dirigieron a Toledo, donde acantonaron
el grueso en el Alcázar de esta ciudad, acumulando allí gran cantidad de víveres.
El día 29 se produjeron enfrentamientos entre la población y
las fuerzas aliadas por lo que estas se refugiaron en el Alcázar y, llegada la
noche, decidieron abandonarlo. Ante la imposibilidad de llevar todos los
pertrechos, prendieron fuego a la fortaleza antes de salir de Toledo. El
incendio duró varios días produciendo severos daños, de los que se salvaron los
paramentos verticales, las cuatro torres, el cuarto bajo del rey y la capilla.
La fortaleza había sido usada desde 1643 como prisión del Estado y como acuartelamiento de fuerzas de caballería. Después del incendio el edificio quedó en estado de abandono, aumentando su ruina a causa de las inclemencias del tiempo que obligaron en diferentes ocasiones a efectuar derribos para impedir desprendimientos inesperados de materiales.
El año 1774 fue nombrado cardenal de Toledo D. Francisco
Lorenzana quién decidió convertir el Alcázar en casa de caridad, asignando las
obras de reconstrucción al arquitecto Ventura Rodríguez. La obra fue inaugurada
el 15 de julio de 1776.
Este suceso fue el inicio de una serie de desgracias que se
sucedieron en la historia del Alcázar como fueron el incendio provocado por las
tropas francesas durante la Guerra de Independencia, el incendio fortuito de
1887 cuando era sede de la Academia General Militar o, más recientemente, su
destrucción durante el asedio en la Guerra Civil en1936.
