Retrato de Alfonso X en el Ayuntamiento de Sevilla
El 1 de junio de 1252, Alfonso accedió al trono del reino
cristiano más importante de España. Desde el comienzo de su reinado, el rey
puso en marcha un programa cultural en el que destacaron la ciencia, el derecho
y posteriormente la historia y la poesía. En este impulso cultural tiene gran
importancia el uso de la lengua romance castellana, con el que pretendía llegar
a una audiencia más amplia en el conjunto de sus súbditos. Al mismo tiempo,
toda esta producción constituye el legado en el que se basa la primera cultura
en castellano, tanto desde el punto de vista lingüístico como intelectual. Por
otra parte, redactó de su propia pluma las Cantigas de Santa María en
la lengua culta del momento en la corte, el galaicoportugués, lo que constituyó
una gran aportación al prestigio de esta lengua romance.
En el plano político y militar, el legado alfonsí no resulta tan importante
como cabría esperar del impulso de su padre a la empresa de la Reconquista.
Precisamente por la gran expansión territorial experimentada, se ocasionaron
problemas sociales y de creación de estructuras que impidieron continuar con el
mismo brío la soñada expulsión del invasor musulmán. Conquistó Jerez y Cádiz y
realizó expediciones contra Salé y el puerto de Rabat. Fracasó en sus aspiraciones
al trono del Sacro Imperio Romano Germánico al que tenía derecho como hijo de
Beatriz de Suabia.
Alfonso desarrolló activamente una política económica beneficiosa para el
reino. Reformó la Hacienda y la moneda y otorgó la concesión de numerosas
ferias. El Honrado Concejo de la Mesta, que tanta importancia adquirió
posteriormente, fue también reconocido por el rey en 1273.
El revés más doloroso del monarca fue la muerte en 1275 de su
primogénito y sucesor al trono Fernando de la Cerda. Los últimos años de su
reinado fueron ensombrecidos por el conflicto sucesorio que desembocó en
abierta rebelión de su segundo hijo, Sancho, al que se unió gran parte de las
ciudades y la nobleza. En una situación de verdadera guerra civil, Alfonso
quedó confinado en Sevilla, donde moriría en 1284, tras haber desheredado a su
hijo Sancho.
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