Estuche dactiloscópico de la Guardia
Civil implantado el 23 de marzo de 1914.
Fuente: Centro de Fotografía
Histórica de la Guardia Civil.
El 8 de mayo de 1915, el cabo comandante del Puesto de la
Guardia Civil de Vimianzo (La Coruña), Jesús Sánchez Zapata, esclareció el
homicidio del leñador y súbdito portugués, Manuel Francisco Cardes. Según la
información inicial, fue considerado un accidente al presentar un golpe en la
cabeza, presuntamente provocado por la caída de un pino que estaba cortando con
la ayuda de su criado, un niño de 14 años.
A pesar de que tanto las diligencias del juzgado como el
informe forense indicaban muerte casual, el cabo Sánchez Zapata examinó con
detalle el hacha encontrada en el lugar del óbito y halló una huella de sangre
sobre el mango. Tras cotejar el lofograma de sangre con una huella del joven
criado, utilizando un tampón de tinta para impregnar el dedo, comprobó su
semejanza. Ante la evidencia, el autor confesó el crimen. Se trata del primer
caso documentado en el Cuerpo sobre el esclarecimiento de un hecho utilizando
la técnica lofoscópica. La particularidad de esta actuación motivó que se
difundiera como caso especial de servicio en el semanario de la Guardia Civil
número 396, de 24 de junio de dicho año.
En 1905, el teniente del Cuerpo, Miguel Gistau Ferrando
(1872-1920), había elaborado la denominada Cartilla Antropométrica. En los
siguientes años, mediante conferencias y publicaciones (revistas técnicas y
libros), se difundieron a nivel interno conocimientos de diversas disciplinas
criminalísticas (identificación, dactiloscopia, fotografía, interpretación de
indicios, etc.). Se generó, así, una inquietud en esta ciencia entre el
personal de la Guardia Civil.
En 1914, se implantó un sistema de identificación de
detenidos en el Cuerpo, con aplicación de la técnica dactilar, adjudicando
maletines de reseña a todos los puestos, líneas y compañías, formando a
instructores y personal experto para su manejo a todos los niveles, creando un
negociado de dactiloscopia en la Dirección General de la Guardia Civil e
incorporándose estas materias a la enseñanza de los cursos de formación y
ascenso. Fruto de esta actividad, se contó con guardias civiles con
conocimientos lofoscópicos en todo el despliegue, algunos de ellos con
especiales habilidades para su interpretación, como es el caso.
El Departamento de Identificación del Servicio de Criminalística (SECRIM) de la Guardia Civil realiza las pericias relacionadas con la identificación de personas, empleando principalmente métodos lofoscópicos, antropológicos, radiológicos y odontológicos. Forma parte de este departamento el Equipo de Identificación en Catástrofes (EIC), que dispone de expertos en identificación de personas y material técnico. El área de identificación lofoscópica del SECRIM se encarga de la confección de informes periciales de identidades, terrorismo y otros delitos graves. También es responsable de la supervisión y validación de informes periciales de lofoscopia confeccionados por los laboratorios de Criminalística de comandancia, de la formación y apoyo a los laboratorios de Criminalística de comandancia, así como la identificación de personas fallecidas o amnésicas.
