jueves, 30 de mayo de 2024

La vía de los galeones

 

Después de que Andrés de Urdaneta descubriera una ruta segura para volver a México partiendo de las islas Filipinas, se creó una conexión estable entre Manila y Acapulco con un galeón que, tras llegar a Asia procedentes de América, cargaba en sus bodegas especias y porcelanas para revenderlas en el continente americano.

El viaje era largo y peligroso y no siempre bastaban las provisiones embarcadas, por lo que muchos marineros morían de escorbuto o por mala nutrición. A esto había que añadir el riesgo de un ataque por parte de piratas, aunque a decir verdad en los 250 años de duración de esta ruta solo se perdieron por este motivo cuatro galeones.

La necesidad de encontrar un primer fondeadero en la costa americana impulsó a los españoles a explorar las costas de California en busca de un puerto o una bahía donde detenerse para reaprovisionarse de víveres frescos y agua potable antes de la última etapa hasta Acapulco.

Entre 1565 y 1815, 110 galeones de Manila recorrieron este tramo de mar, desarrollando un importante flujo comercial que incluía especias (pimienta, clavo y canela), porcelana, marfil, laca y tejidos (tafetán, seda, terciopelo, raso), recogidos en las islas de las Especias y la costa asiática del Pacífico.

También transportaban objetos de artesanía china, biombos japoneses, abanicos, espadas japonesas, alfombras persas, vasijas de la dinastía Ming y un sinfín de productos.

Luego, los cargamentos eran transportados por tierra a través de México hasta el puerto de Veracruz, en el golfo de México, donde eran reembarcados en la flota de Indias en dirección a España.

La mayor parte de los galeones de Manila se construían en los astilleros navales filipinos.

El coste medio por galeón era de 78.000 pesos y eran necesarios al menos 2.000 árboles.

Los astilleros navales estaban en Cavite, una ciudad portuaria en una península de la bahía de Manila.

 

Fuente Facebook: España, Luz de Trento