Valentín Ferraz y Barrau nació en Anciles (Huesca), el día de
San Valentín del año 1792, en el seno de una ilustre familia aragonesa con
multitud de antepasados militares, políticos y religiosos.
En el año 1808, la revolución contra los franceses le sorprende en Zaragoza y en plena lucha de la ciudad, se enrola en el Regimiento de Dragones del Rey, con tan solo 16 años de edad. Tras un par de meses de feroces combates y perecer gran parte de los hombres de la ciudad, Zaragoza se rinde y Ferraz es hecho prisionero por los franceses, aunque logra fugarse e incorporarse nuevamente al ejército español. Ascendido a alférez, es enviado a Valencia a luchar contra los franceses y posteriormente a La Mancha, donde le pilla el final de la guerra con el grado de teniente.
Terminada la guerra en España, ahora suenan tambores de guerra en América, provocada por los separatistas masones y por ello es enviado al virreinato del Perú como escolta del nuevo General en Jefe del Ejército del Alto Perú. Nombrado capitán del Regimiento de Cazadores y al frente de 78 hombres, consigue recuperar las ciudades de Tarija (actual Bolivia), Jujuy y Salta (ambas en la actual Argentina), que habían caído en manos de los separatistas. Gracias a estas importantes acciones, su unidad de escolta pasó a convertirse en un Regimiento de Línea compuesto por 600 hombres.
Debido a la incursión en Perú del ejército del traidor San Martín, Ferraz y su regimiento son requeridos en Lima, por lo que debieron recorrer 3.500 kilómetros por los Andes, atravesando en ocasiones poblaciones separatistas a las que tuvieron que hacer frente. Finalmente, la columna de Ferraz llegó a Lima y allí participaron en el socorro a la ciudad de El Callao que se encontraba sitiada. Por eso y otras acciones, fue ascendido a Brigadier (actual General de Brigada).
Las brillantes y exitosas acciones militares emprendidas por
Valentín Ferraz contra los separatistas, hizo que en el año 1823 el virrey de
Perú le nombrase Comandante General de la Caballería del Ejército del Sur. Tan
solo un mes después del ascenso, tuvo lugar la Batalla de Arequipa (Perú), en
la que el regimiento de Ferraz venció a la caballería del ejército separatista,
muy superior en número y dirigida por un general francés y otro inglés, ambos
veteranos de las guerras napoleónicas en Europa. Por esta brillante victoria,
recibió la Cruz Laureada de San Fernando, la más alta distinción que puede
recibir un español.
Sin embargo y por desgracia, el destino de la historia quiso
que el separatismo en América triunfara y con ello el imperio hispano se
desquebrajó. Ferraz participó en la Batalla de Ayacucho, la última batalla que
determinó el fin de una era. En la batalla, un disparo enemigo mató al caballo
que montaba Ferraz, por lo quedó apartado del combate. Finalizada la batalla y
consumada la derrota, un soldado indígena le cedió su caballo para que Ferraz
pudiera escapar y no ser capturado.
En 1825, Valentín Ferraz volvió a España, tras nueve años de
batallas en Perú. Una vez instalado en España, compaginó su carrera militar con
la de político, dentro del Partido Progresista, de carácter liberal y
conservador. Fue nombrado teniente general de los ejércitos, director general
del arma de Caballería, inspector general de la Milicia Nacional, vocal de las
juntas consultivas de Guerra y Ultramar, diputado y senador del Reino por la
provincia de Huesca, ministro de la Guerra en cuatro ocasiones y presidente del
Consejo de Ministros. También fue alcalde de Madrid durante dos años.
En el ámbito militar de este último periodo, es muy
reconocida su gran labor al frente de la Dirección General de Caballería y por
sus innovaciones está considerado como el regenerador de la caballería
española.
Un año antes de su muerte en 1866 y siguiendo la tradición
madrileña de poner nombre a una calle de la ciudad a quien ha sido alcalde y
pese a tener más motivos que ello, la actual calle de Ferraz en Madrid, lleva
su nombre.
