La provincia de Cádiz es, seguramente, una de las que más batallas históricas ha vivido. Por su situación geográfica, tan cercana a las costas africanas y bañada por el Estrecho de Gibraltar, ha sido pieza codiciada por todas las civilizaciones que por aquí han pasado. Trafalgar, Trocadero, el asedio de Cádiz... son solo algunas de las más conocidas, pero en este caso, por lo que de importante tuvo para el futuro de España hemos destacado la batalla de Guadalete, pues supuso la entrada de los musulmanes a la Península y casi ocho siglos de presencia de estos en estas tierras.
Así, el año 711 está grabado a fuego en la memoria colectiva de los españoles. Fue entonces cuando un ejército norteafricano comandado por Tarik desembarcó en Gibraltar. El rey visigodo Rodrigo acudió a hacerle frente, pero fue traicionado por una parte de sus propias tropas y pereció en la batalla. Su cadáver no fue encontrado, tan solo su caballo, ricamente enjoyado, semihundido en el lodo del campo de batalla de Guadalete (o de la Janda).
La derrota fue tan completa que supuso el final del Estado visigodo en la península ibérica. Una de las causas del éxito de la invasión musulmana en la península fue la inestabilidad de la monarquía visigoda, provocada por luchas internas por la sucesión al trono y que su rey, Rodrigo, se encontraba luchando en el norte contra los vascones y tardó dos semanas en recibir la noticia del ataque, llegando tarde al sur, al Guadalete para luchar contra el bereber Tariq, partiendo ya desde una desventaja, unida además a la posterior traición de los partidarios de Witiza, que abandonaron el ejército visigodo pasándose al bando musulmán.
Algunos estudiosos contemporáneos negaron la ubicación tradicional de la batalla y sostuvieron que tuvo lugar entre Medina Sidonia y la laguna de La Janda, lo que hizo que en tiempos más recientes se haya conocido también como batalla de la laguna de La Janda o del río Barbate. Sin embargo, Sánchez Albornoz, que reconstruyó los hechos a partir de los archivos cristianos y las crónicas árabes, aportó nuevos datos y testimonios que respaldaban que Wadi Lakka era efectivamente el río Guadalete, y que sería cerca de la despoblada ciudad hispanorromana de Lacca (acaso el Castrum Caesaris Salutariensis), junto a la fuente termal del Cortijo de Casablanca, a 7 km al sur de Arcos de la Frontera, en la Junta de los Ríos Guadalete y Majaceite, precisamente donde los antiguos habían situado el encuentro bélico.